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¡¡Muy Buenas!!

Hemos elaborado este blog con un tema que nos interesa bastante, son los niños y niñas que han sido abandonados después de nacer o que por alguna desgraciada causa han perdido a sus padres.
Desde aquí queremos concienciar sobre la protección de la infancia, porque la formación y cuidados de un niño hoy, será el reflejo de la sociedad del mañana.


¡ Esperamos que os guste !


Myriam***Rakel
***Rosi***Marikiya***

1/4/08

Esta es la historia de un hospicio de Sigúenza:

La actual calle de San Mateo es una calle silenciosa, apenas transitada. En ella no hay comercios, ni bares, ni los hubo en tiempos. Buena parte de la misma lo ocupa el antiguo edificio del Hospital de San Mateo, y frente a éste, un enorme lienzo de muralla. Si nos la imaginamos de noche, apenas iluminada por un par de faroles, entenderemos por qué fue el sitio escogido para establecer un hospicio. La calle de San Mateo era atravesada por las calles descendentes que vertebraban el casco antiguo. Aquellos que deseasen abandonar un niño escogían sistemáticamente horas nocturnas para ello y rápidamente desaparecer por una cualquiera de aquellas calles.





Esta es la ventana dotada de una especie de torno donde se depositaba a las criaturas, el cual aseguraba el anonimato, en el más que improbable caso de que aún permaneciera allí delante, aunque es mas que seguro que muchos padres desesperados contemplarían dicho momento desde una de las esquinas adyacentes. Sobre el dintel de la ventana, la sentencia evangélica "QVI NOS RECIPIT ME RECIPIT" ("el que a nosotros recibe, a mí me recibe"). Antiguamente tenía una reja distinta a la de la reconstrucción actual, pues dejaba sitio holgado para poder dejar los niños en el torno. Es de suponer que también existiría en las cercanías una campanilla, quizás la misma que sirviese de timbre al hospital, para dar aviso de que se acababa de dejar allí un bebé. Adyacente, se encontraba un cepillo donde depositar alguna limosna, con la frase "HAZ BIEN POR TI".


Además de en el torno, se encuentran consignadas otras maneras de abandonar los niños:


-Dejarlo en un portal de alguna iglesia o vivienda, recordando que antiguamente permanecían buena parte del tiempo abiertos y ofrecían resguardo. Alguno incluso lo traen de poblaciones lejanas.


-El Hospicio también resultaba lugar seguro para dejar un niño que se hubiese perdido. Así, tenemos la siguiente anotación, en la que un transeunte anónimo recoge una niña que encontró deambulando por la calle, escribe una nota donde consigna el nombre y la entrega en el Hospicio.




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