
11 de abril de 2003
Heridas que no cierran
Maria José Atiénzar*
Cada año, 1 millón doscientos mil niños en todo el mundo son víctimas de un tráfico que produce a sus autores más de 3.000 millones de dólares de ganancias. Las cifras fueron dadas en el marco de la 108 Conferencia de la Unión Interparlamentaria, celebrada en Santiago de Chile, encabezada por la presidenta de la Cámara de Diputados de Chile, Isabel Allende. Los expertos y participantes coincidieron en que el tráfico de niños es un crimen que ha de ser abordado integralmente desde los puntos de vista político, social, jurídico, policial y psicológico. “Hay que terminar con la impunidad que existe frente a esta actividad criminal, pues el tráfico de niños existirá mientras la sociedad lo tolere”, como afirmó Bente Sorensen, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Una tarea pendiente es la ratificación de las convenciones internacionales sobre la infancia y la armonización de las legislaciones locales al respecto. Así ningún país podrá ser un paraíso para la explotación sexual y el tráfico de niños. “Esos niños son víctimas de explotación sexual, trabajos forzados principalmente en plantaciones agrícolas, en servicio doméstico y un buen número de ellos es sujeto de formas similares a la esclavitud”, como reconoce Lisa Kurbiel, responsable del proyecto Tráfico de Niños del Fondo para la Infancia de Naciones Unidas (UNICEF). Los más vulnerables son los niños que pertenecen a grupos minoritarios, los desplazados internos, los huérfanos y los que viven en extrema pobreza. En América Latina, las formas más comunes son el tráfico de niños para trabajos en el campo, así como la adopción ilegal. A nivel mundial, UNICEF señala que los países del sur y del este asiático, así como los del Africa occidental, son los que presentan las más altas tasas de incidencia de tráfico de menores.
Por otro lado, la trágica situación de miles de niños en Africa se refleja en el informe de Human Rights Watch (HRW), titulado “Heridas que no se cierran”, donde se dan detalles sobre los abusos cometidos contra los niños en Ruanda. Desde los conflictos sufridos en 1994, cientos de miles de niños murieron violentamente o fueron física y sicológicamente mutilados, o se han convertido en huérfanos que sobreviven como pueden. Algunas familias ruandesas acogieron a niños necesitados, pero son familias que viven también en la pobreza y no siempre han respetado los derechos de los niños encomendados a su responsabilidad. Algunos son explotados, muchos han huido a las ciudades donde son victimas de acoso y de detención por parte de las fuerzas del orden, y gran cantidad de jóvenes acusados de haber participado en el genocidio cuando eran todavía niños, han pasado años en cárceles superpobladas antes de ser ahora liberados provisionalmente.
En Uganda, según informa HRW, el movimiento rebelde Lord’s Resistance Army (LRA) ha secuestrado grupos de niños a los que someten a tratamientos brutales, a trabajos forzados y a esclavitud sexual. En el último año, unos 5.000 niños han sido raptados y se calcula que han sido unos 20.000 en los 16 años de guerra entre el LRA y el gobierno de Uganda. El autor del informe Jonathan Cohen se lamenta “el tráfico de niños ocurre en muchos países de África Occidental y los gobiernos no hacen nada para impedirlo”.
Mientras tanto, los protagonistas se mueven. El Movimiento Africano de Niños y Jóvenes Trabajadores (MAEJT) ha celebrado en Thies, (Senegal), su 6º congreso. Unos 250 adolescentes –la mayoría empleados domésticos, aprendices y trabajadores independientes del sector informal- procedentes de 41 países, discutieron sus problemas y buscan soluciones para luchar contra las diversas formas de explotación de los niños y jóvenes. Esta red de asociaciones de niños trabajadores es resultado de campañas organizadas desde hace una década por algunas ONG’s nacionales, que denunciaban la explotación del trabajo de los niños.
Es una lucha, que según UNICEF, pasa antes de nada por animar políticas de fortalecimiento familiar y mantener a los niños en el ámbito escolar.
* Periodista
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