Cuando los niños eran aún unas criaturas, los utilizaban para apadiar a la gente, junto a una "posible" madre, mamando o tuembados en el suelo harapientos y sucios. A partir de los 6 años, mendigaban solos, obligándolos a recaudar una cierta cantidad e imponiendoles castigos si no llegaban a conseguirlo.

Las niñas mendigaban menos por ser empleadas en la prostitución; empezaban la mala vida vendiendo periódicos por la noche, baratijas o flores en las puertas de los teatros o salas de baile.
La golfería era otra salida para el niño abandonado, a principios del siglo XX en una ciudad de un tamaño medio, la golfería podia alcanzar a 800 jóvenes de entre 14 y 18 años. Estos chicos comía sobras en cuarteles, asilos o conventos y pasaban el resto del día vagando por las calles, pidiendo limosna o hurtando lo que podían.

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