
La vida de los niños está en las manos de los adultos, a la vez que el futuro de todos nosotros está en las manos de los niños. Debemos saber administrar el único verdadero capital que tenemos- los niños- ya que de otra forma nuestras vidas serán vanas y pondremos en peligro el futuro. Los adultos pueden ser fácilmente inducidos a buscar sentido en formas de ser y objetos que entregan satisfacción inmediata y aparente de las necesidades. El bien de los niños es un proyecto más fatigoso. Los niños deben ser protegidos, estimulados y orientados en su desarrollo, de forma que al crecer se conviertan en personas independientes que puedan enfrentar la vida por cuenta propia.

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